Honduras atraviesa uno de los períodos más secos de los últimos años y los registros meteorológicos encendieron las alertas sobre un problema que ya dejó de ser exclusivamente agrícola: la falta de lluvias amenaza los cultivos, reduce las reservas de agua y podría complicar el abastecimiento para miles de familias durante los próximos meses.
Los datos analizados por EL HERALDO a partir de registros del Centro Nacional de Estudios Atmosféricos y Sísmicos (Cenaos) muestran que 2026 es, al menos desde 2022, el año con menor acumulado de precipitaciones en buena parte del territorio hondureño.
La preocupación aumenta porque el país todavía atraviesa la canícula y los especialistas advierten que, si las lluvias no se recuperan cuando termine este período, los efectos podrían extenderse hacia 2027.
2026 registra los niveles de lluvia más bajos de los últimos cinco años
El análisis de 25 estaciones pluviométricas de Cenaos, tomando en cuenta los registros acumulados entre enero y julio de cada año, revela un panorama preocupante.
De las 25 estaciones estudiadas, 17 registraron menos lluvia que durante el mismo período de 2025, mientras que 10 alcanzaron los niveles de precipitación más bajos de los últimos cinco años.
Esto convierte a 2026 en un año particularmente seco dentro del período reciente, aunque los especialistas aclaran que no se trata del año más seco de toda la historia de Honduras.
El meteorólogo Francisco Argeñal recordó que años como 1997, 2001 y 2015 tuvieron condiciones de sequía todavía más severas. Sin embargo, la situación actual destaca al compararla con los registros desde 2022.
¿Dónde está golpeando con mayor fuerza la falta de lluvia?
Uno de los sectores más vulnerables es el denominado corredor seco, que comprende principalmente zonas del sur, centro y oriente del país.
Entre los departamentos señalados como particularmente susceptibles durante un episodio de El Niño se encuentran Choluteca, Valle, Francisco Morazán, el sur de El Paraíso, La Paz y Comayagua, además de municipios fronterizos con El Salvador.
El fenómeno está relacionado con el comportamiento de los vientos sobre el Caribe. Según Argeñal, durante condiciones de El Niño el llamado chorro de bajo nivel puede acelerarse e impedir que la humedad proveniente del Pacífico avance hacia determinadas zonas del territorio nacional.
El resultado es menos formación de nubes y, por consiguiente, menores acumulados de lluvia.
Los números muestran la dimensión del problema
En la estación ubicada en la colonia 21 de Octubre, en Francisco Morazán, entre enero y julio de 2026 se registraron apenas 276.4 milímetros de lluvia.
En el mismo período de 2025 habían caído 286.6 milímetros, mientras que en 2024 el acumulado alcanzó 534.8 milímetros, prácticamente el doble de lo registrado este año.
Uno de los casos más marcados aparece en Sabanagrande.
Entre enero y julio de 2022 esa estación registró 1,115.6 milímetros de lluvia, mientras que durante el mismo período de 2026 apenas acumuló 211.9 milímetros.
La diferencia refleja la magnitud de la reducción de las precipitaciones en algunas zonas del país.
La sequía ya está afectando a los productores
El problema dejó de ser una advertencia meteorológica para convertirse en una dificultad concreta para los agricultores.
En Lepaterique, Francisco Morazán, alrededor de 1,500 productores ya reportan afectaciones en sus cultivos debido a la falta de agua.
Este municipio es uno de los principales abastecedores de verduras, granos básicos y café para Tegucigalpa y otros mercados del país.
En algunas comunidades, como Yerbabuena, productores prácticamente perdieron sus cultivos de verduras debido a la falta de agua para mantener las plantaciones.
El impacto económico también es considerable porque muchos agricultores ya habían invertido en fertilizantes, fungicidas, insecticidas y otros insumos.
Volver a sembrar implica realizar nuevamente una inversión que muchos pequeños productores no están en condiciones de asumir.
El problema también llega a las ciudades
La sequía no afecta únicamente al campo.
En Tegucigalpa y Comayagüela, los bajos niveles de los principales embalses mantienen bajo presión el sistema de abastecimiento.
La Unidad Municipal de Agua Potable y Saneamiento (UMAPS) advirtió que los racionamientos podrían llegar hasta 10 u 11 días si las lluvias no permiten recuperar las reservas.
Actualmente, sectores de la capital reciben agua mediante ciclos que pueden alcanzar nueve días.
Los embalses Los Laureles y La Concepción se encuentran en niveles reducidos. Según datos reportados por UMAPS, Los Laureles rondaba el 38 % de su capacidad, mientras La Concepción estaba alrededor del 30 %.
Esto significa que cada semana sin lluvias importantes aumenta la presión sobre las reservas disponibles.
¿Qué puede pasar si la sequía continúa?
El panorama más preocupante no necesariamente se encuentra en las próximas semanas, sino en los meses posteriores.
Joaquín Gómez, jefe de la Estación Meteorológica de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), advirtió que si la falta de lluvias continúa y el fenómeno de El Niño prolonga sus efectos, podría generarse una situación crítica para el suministro de agua potable durante el próximo año.
“Si no llueve habrá caos” es, en esencia, la advertencia detrás de este escenario: no solo se trata de esperar precipitaciones para recuperar los cultivos, sino de garantizar que las fuentes de agua y los embalses puedan recuperarse.
El riesgo para los alimentos también aumenta
La reducción de las lluvias tiene una consecuencia directa sobre la producción de granos básicos y otros alimentos.
Nabil Kawas, físico y meteorólogo, explicó que existen regiones donde las precipitaciones han sido suficientes para mantener parte de la producción, pero el panorama es mucho más complicado en el corredor seco.
La pérdida de cultivos puede generar una cadena de efectos: menos producción, menores ingresos para los agricultores, mayores dificultades para recuperar las inversiones y eventualmente presión sobre los precios de los alimentos.
La situación también aumenta el riesgo de inseguridad alimentaria en las comunidades rurales más vulnerables.
Honduras todavía espera una recuperación de las lluvias
Los especialistas mantienen la expectativa de que, una vez finalizada la canícula, las precipitaciones puedan incrementarse en las zonas más afectadas.
Sin embargo, no existe certeza de que las lluvias sean suficientes para recuperar rápidamente los niveles de las fuentes de agua y las represas.
El comportamiento de los próximos meses será determinante.
Si las lluvias regresan con suficiente intensidad y distribución, parte de los daños podría contenerse. Pero si la sequía se prolonga, el país podría entrar en una etapa mucho más compleja, marcada por pérdidas agrícolas, menor disponibilidad de agua, mayores costos para los productores y presión sobre el abastecimiento urbano.
Un problema que podría extenderse hasta 2027
La preocupación de los especialistas aumenta porque las condiciones asociadas a El Niño podrían prolongarse.
Desde la UNAH se ha advertido que, si el fenómeno continúa hasta 2027, los efectos acumulados podrían intensificarse.
Esto significa que la discusión ya no debería centrarse únicamente en cuándo volverá a llover, sino en cómo preparar al país para períodos prolongados de escasez de agua.
La construcción de sistemas de riego, perforación y recuperación de pozos, almacenamiento de agua, asistencia técnica a los productores y protección de las fuentes hídricas aparecen como algunas de las medidas que pueden reducir la vulnerabilidad.
La alerta ya está sobre la mesa
Honduras enfrenta así una combinación particularmente delicada: menos lluvia, cultivos afectados, represas con niveles bajos y comunidades que comienzan a experimentar dificultades para acceder al agua.
El problema tampoco se limita a un departamento específico. Aunque el corredor seco concentra buena parte de los efectos, los registros de las estaciones meteorológicas muestran reducciones importantes de lluvia en diferentes puntos del territorio.
El desafío para las autoridades será evitar que una temporada seca termine convirtiéndose en una crisis de mayores dimensiones.
Por ahora, los especialistas coinciden en que la lluvia será determinante.
Si las precipitaciones regresan después de la canícula, Honduras todavía podría recuperar parte del terreno perdido. Pero si el déficit continúa, la sequía de 2026 podría dejar de ser solamente un problema del campo para convertirse en una amenaza directa para el agua, los alimentos y la economía de miles de familias.
