La prolongada sequía y la canícula han convertido el acceso al agua potable y la disponibilidad de alimentos en las principales preocupaciones para decenas de municipios hondureños. El viceministro de la Secretaría de Gestión de Riesgos y Contingencias Nacionales (Copeco), Nelson Márquez, informó que 75 de los 298 municipios del país se encuentran actualmente bajo alerta amarilla, debido al agotamiento de las reservas de agua y las afectaciones en la producción agrícola.
Márquez advirtió que varios de estos municipios podrían pasar a alerta roja en los próximos días, principalmente aquellos donde las fuentes de abastecimiento de agua ya presentan niveles críticos. La situación también amenaza la producción de granos básicos y aumenta el riesgo de inseguridad alimentaria para las familias que dependen de la agricultura y que enfrentan dificultades para mantener sus cultivos ante la falta de lluvias.
De los municipios bajo alerta, alrededor de 39 ya reciben atención mediante acciones coordinadas entre el Gobierno, organismos de Naciones Unidas y organizaciones no gubernamentales. Las autoridades realizan visitas de campo para identificar las comunidades con mayores necesidades y determinar qué tipo de asistencia requiere cada familia, desde abastecimiento de agua hasta apoyo ante las pérdidas agrícolas.
El funcionario explicó que estas evaluaciones han permitido tener un panorama más preciso sobre los efectos de la sequía y dirigir los recursos hacia las zonas más afectadas. La prioridad, señaló, es determinar dónde existe mayor escasez de agua, qué comunidades presentan problemas de producción y cuáles son las familias que necesitan atención inmediata.
La situación podría agravarse si la canícula continúa prolongándose. Según Copeco, este período seco comenzó antes de lo habitual y existe la posibilidad de que también termine más tarde, aumentando la presión sobre las fuentes de agua y los sistemas de abastecimiento de las comunidades rurales.
La falta de lluvias no solo afecta el consumo humano, sino también la agricultura y la ganadería, sectores fundamentales para la economía y la alimentación de miles de hogares. Los productores de las zonas más vulnerables enfrentan mayores dificultades para mantener sus cultivos, especialmente aquellos que no cuentan con sistemas de riego y dependen completamente de las precipitaciones.
Ante este escenario, las autoridades mantienen vigilancia sobre los municipios en alerta y no descartan ampliar las medidas de emergencia si las condiciones climáticas continúan deteriorándose. La evolución de las lluvias durante los próximos días será determinante para establecer si las zonas afectadas requieren un cambio en el nivel de alerta y una mayor movilización de asistencia.
