Emily Dayana Muñoz Maldonado tenía solo 9 años, una sonrisa alegre y un futuro entero por delante. Como cualquier niña de su edad, dividía sus días entre sus cuadernos de tercer grado en el Centro Educativo Jairo Castellanos y los juegos en el patio de su casa. Sin embargo, la violencia interrumpió de forma brutal la vida de una pequeña que apenas comenzaba a descubrir el mundo.
La mañana del sábado comenzó como un día cualquiera para Emily. Lleno de energía infantil, la pequeña tomó su bicicleta para dar un paseo en los alrededores de su hogar, sin que sus padres imaginaran que esa sería la última vez que la verían sonreír. Ese recorrido en bicicleta, que debía ser un momento de juego y libertad, se transformó en el inicio de una pesadilla para toda su familia.
Durante más de 24 horas, la comunidad escolar y sus vecinos se unieron al clamor de unos padres desesperados que recorrieron cada rincón con la esperanza de encontrarla sana y salva. “Como a las diez de la mañana la vimos por última vez”, relataba su padre con la voz quebrada, manteniendo la fe intacta hasta que el domingo por la tarde la tragedia confirmó los peores temores de la comunidad.
El desgarrador hallazgo de su cuerpo en una finca de palma africana apagó la luz de una niña descrita por sus allegados como inocente y risueña. La noticia cayó como un balde de agua fría en el Centro Educativo Jairo Castellanos, donde sus maestros y compañeros de aula hoy lloran el asiento vacío que deja una alumna atenta y querida por todos.
Hoy, las aulas de Sabá están de luto y la inocencia de toda una comunidad ha sido golpeada. Mientras la familia de Emily intenta asimilar la pérdida insuperable de su pequeña, los pobladores exigen que el recuerdo de la niña de tercer grado no quede en el olvido y que las autoridades den una respuesta firme ante tan horrendo crimen.
